TELEVISION EDUCATIVA- SUS DIMENSIONES
La televisión y sus tres dimensiones: el contenido, el medio y el lenguaje
Al revisar la investigación disponible aparecen distintos datos referidos a
alguna de estas tres dimensiones: los contenidos narrativos; el medio en sí mismo y
el lenguaje televisivo.
1. Desde la perspectiva de los contenidos televisivos se demuestra la
influencia de la televisión como modelo de aprendizaje en las percepciones y
conductas de la infancia y adolescencia. Aunque hay que recordar que muchos de
estos datos se refieren al visionado de conductas violentas (Bryant y Zillmann 2002;
Ward, 2003) así como conductas que promueven valores materialistas y consumistas
(Cheung y Chan, 1996). La mayoría de estos trabajos, como era de esperar,
demuestran el aumento o tendencia hacia la conducta agresiva, materialista, o
sexualidad incorrecta en aquellos sujetos que ven habitualmente escenas de
violencia, consumismo o sexo soez en la televisión. Aunque en un análisis más
matizado, también, se ha demostrado que cuando la violencia es injustificada
decrecen las actitudes agresivas de los sujetos estudiados (Green y Stonner, 1973;
Hoyt, 1970; Berkowitz y Powers, 1979; Palmer y Dorr, 1980). De cualquier forma,
también, se comprueba que la edad de los telespectadores y el contexto donde se
produce la acción son factores muy relevantes a la hora de investigar la influencia de
los actos violentos en las actitudes y conductas de los niños y adolescentes. En
Concepción Medrano Samaniego
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definitiva que la visualización de las conductas violentas hay que contextualizarla y
estudiar todos los aspectos que interactúan en su visionado.
2. En segundo lugar, si nos referimos a la televisión como medio, también nos
encontramos con algunos datos que nos pueden hacer reflexionar acerca de su poder
educativo. En el trabajo longuitudinal realizado por Anderson, Huston, Schmitt,
Linebarger y Wright (2001) se demuestra que los sujetos que habían dedicado más
tiempo a ver la televisión en la infancia manifiestan puntuaciones más altas en las
distintas materias curriculares, así como en determinadas actitudes. Aunque este tipo
de investigaciones exigen un conocimiento de las variables intermedias, como por
ejemplo, la selección por parte de los padres de ciertos programas educativos, el
visionado de los contenidos junto a los padres, el no desplazamiento de otras
actividades, etc., es importante tenerlas en cuenta por los datos que nos aportan
respecto a la optimización de la televisión educativa. Concretamente, a finales de la
década de los sesenta en Estados Unidos, los programas educativos Sesame Street y
Mister Rogers´Neighborhood son un buen ejemplo del poder educativo del medio
televisivo. Ciertamente, esta experiencia hay que contextualizarla en muestras
americanas y con una población muy específica, pero puede ser un ejemplo pionero
de televisión educativa.
Respecto a esta segunda dimensión, la televisión como medio, son diversos
los autores que han realizado una importante crítica a la misma por su escaso valor
educativo, bien sea porque impide el desarrollo de otras actividades o bien, porque
dadas sus características, dificulta el diálogo y la argumentación e impide la
construcción activa de nuevos conocimientos. Me parece importante señalar que
muchas de las críticas realizadas a la televisión se refieren a esta dimensión (como
medio), sin tener en cuenta los contenidos que se transmiten mediante el mismo. Vila
(1998) opina que esta posición no está en lo cierto y que el reconocimiento de la
capacidad educativa de la televisión no debe limitarse a las capacidades desarrolladas
en los aspectos tecnológicos, sino a las que se desarrollan a través de los contenidos.
Vilches (1996), un autor que ha estudiado en profundidad la televisión, señala
que ésta es un medio, como antes lo han sido la música y la literatura, que representa
el mito de la sociedad actual a través de lo narrativo, así como del ritual de la
cotidianidad y de lo fantástico, sin tener que buscar una realidad objetiva tal y como
se hace en la ciencia. En este sentido me parece importante diferenciar entre las
condiciones de manipulación y alienación cultural de un medio comunicativo como
la televisión y todos los aspectos de novedad cultural, estética y transmisión de
valores que es posible trabajar desde el punto de vista educativo. Durante la infancia
y adolescencia se aprende lo que se vive en términos de valores y la televisión puede
ser una fuente de aprendizaje vicario. No olvidemos que determinadas películas que
se exponen en nuestros cines saturadas de violencia, autoritarismo, poder,
dominancia, etc tienen un gran atractivo para los mismos adolescentes que están
trabajando en sus centros escolares programas de intervención para mejorar la
convivencia, relaciones basadas en el respeto, la empatía, etc. Por esta razón, me
parece relevante trabajar de manera explícita e intencional el “curriculum oculto”
que conllevan las narraciones televisivas planificando y sistematizando una
intervención educativa.
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